
Más de cinco millones de argentinos acumulan más de tres meses de atraso en el pago de sus créditos y los jóvenes aparecen como el segmento más afectado. En un contexto de deterioro del mercado laboral e ingresos rezagados en algunos segmentos de la población, la morosidad alcanza a casi 3 de cada 10 personas con algún tipo de deuda en el sistema financiero, según un informe de la consultora Analytica al que accedió LA NACION.
En total, son 5,3 millones de personas con atrasos superiores a 90 días sobre un universo de 19,8 millones de deudores, lo que equivale al 26,9% del total. El relevamiento incluye créditos otorgados por bancos, fintech (en este caso, Mercado Pago y Tarjeta Naranja), mutuales, cooperativas, tarjetas de consumo, casas de electrodomésticos y fideicomisos financieros.
La deuda total de las familias en este sistema asciende a $74,2 billones, equivalentes al 6,5% del Producto Bruto Interno (PBI), donde el 82,4% corresponde a bancos, el 10,1% a fintech y el 7,5% al resto de entidades.
Del total de personas endeudadas, 14,3 millones tienen al menos un crédito bancario, mientras que otras 5,5 millones se financian exclusivamente a través de proveedores no bancarios, como billeteras virtuales, mutuales, cooperativas o emisoras de tarjetas de consumo. Para Analytica, esta expansión del crédito por fuera de los bancos amplió el acceso al financiamiento, aunque también expuso a una parte de los hogares a condiciones más costosas y mayores niveles de riesgo.
El informe también mostró que la mora no afecta de la misma manera a todos los tipos de acreedores. Entre quienes sólo tienen deudas con bancos, el porcentaje de morosos alcanza al 19,2%, mientras que entre quienes se financian exclusivamente a través de billeteras el ratio trepa al 28,9%. En tanto, entre las personas que mantienen créditos únicamente con entidades no financieras la proporción supera el 32%.
La diferencia también se observa cuando se analiza el monto de las deudas y no solamente la cantidad de personas afectadas. Mientras el 26,9% de los deudores registra atrasos superiores a 90 días, la irregularidad medida sobre el stock de crédito es considerablemente menor. En los bancos alcanza al 11,9% de la cartera, en las fintech llega al 21,6% y en el resto de las entidades asciende al 43,1%. El dato sugiere que buena parte de los incumplimientos se concentra en créditos relativamente pequeños y en segmentos de mayor vulnerabilidad económica.
Sin embargo, detrás del promedio aparece una situación particularmente preocupante entre los más jóvenes. La irregularidad entre las personas de 18 a 30 años alcanza niveles cercanos al 40%, el porcentaje más elevado de todos los grupos etarios. La incidencia cae al 34% entre quienes tienen entre 31 y 40 años, al 26% entre los de 41 a 50 años y se ubica por debajo del 17% entre los mayores de 60 años. La brecha muestra cómo los problemas de inserción laboral y de ingresos impactan con mayor intensidad sobre los sectores más jóvenes.
Según los datos del Indec, la tasa de desempleo entre las mujeres de 14 a 29 años pasó del 13,8% en el cuarto trimestre de 2024 al 16,8% en igual período de 2025. Entre los hombres de esa misma franja etaria, el indicador subió del 12,5% al 16,2%. Se trata de incrementos de entre tres y cuatro puntos porcentuales en apenas un año, sobre niveles de desocupación que ya eran superiores al promedio de la economía.
“Así, el resultado es una cohorte que enfrenta simultáneamente dificultades de inserción laboral y un historial crediticio deteriorado, lo que puede condicionar su acceso al financiamiento formal por un período prolongado”, sostuvo Analytica en el informe.
La situación también guarda relación con el nivel de ingresos. El estudio detectó que los monotributistas de menores recursos presentan los indicadores de incumplimiento más elevados. En la categoría A, la más baja de la escala, el 17,9% de las personas registra atrasos superiores a 90 días. En cambio, entre quienes se encuentran en la categoría K, la de mayor facturación, el porcentaje cae al 8,5%.
El informe también detectó fuertes diferencias geográficas en la distribución de la mora. Las provincias del norte exhiben los niveles más elevados de incumplimiento, mientras que la Ciudad de Buenos Aires registra los indicadores más bajos del país (ver aparte). La heterogeneidad también se replica dentro de una misma jurisdicción. En la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, la proporción de deudores con atrasos supera el 30% en el conurbano, frente al 23,1% en el resto del territorio provincial.
El deterioro de los indicadores de mora se produce en un momento en que el crédito aparece como una de las principales apuestas del Gobierno para apuntalar la actividad económica. La expectativa oficial es que la desaceleración de la inflación y una recuperación gradual del poder adquisitivo permitan impulsar el financiamiento a las familias y, con ello, el consumo. Sin embargo, distintos informes privados advierten que ese proceso todavía avanza con lentitud.
Un análisis de Econviews señaló que las financiaciones otorgadas por proveedores no financieros también comenzaron a desacelerarse durante los últimos meses, luego del fuerte crecimiento registrado en 2024 y buena parte de 2025. La consultora atribuyó el fenómeno al menor margen de endeudamiento de los hogares, al aumento de la morosidad y a la erosión que la inflación todavía genera sobre los ingresos reales. Además, destacó que las tasas de interés de estos proveedores suelen ubicarse muy por encima de las bancarias: en los préstamos personales superan, en promedio, el 140% nominal anual.
En la misma línea, la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia advirtió que los préstamos bancarios en pesos a las familias acumularon una caída real del 6% entre enero y mayo. El informe sostuvo que la volatilidad de las tasas de interés, el incremento de la irregularidad de cartera y la mayor cautela de las entidades financieras frente al deterioro de los indicadores crediticios están limitando la expansión del crédito al sector privado.
Fuente: La Nación



